La novela trascurre muy rápida, ayudada por la fragmentación
en capítulos muy cortos que animan a no parar de avanzar en su lectura. El
principio es tremendo y sorprendente y esto provoca una sensación extraña, como
si la historia fuese perdiendo fuelle hasta su final. Y es este principio, la
clave de la novela. La infancia y las tremendas
experiencias que tienen que vivir sus protagonistas, Alice y Mattia. Pero no se
queda ahí, el libro crece y avanza de la misma manera que lo hacen sus personajes y la relación que mantienen entre
ellos.
Una relación complicada por culpa de una infancia todavía
más complicada. Más que una relación, son dos personas que descubren que tienen
mucho en común pero que es precisamente lo que tienen en común lo que les
impide acercarse, como los números primos. Si para muchos, entre los que me
encuentro, la infancia es un período de gran ternura, descubrimiento,
diversión, paz y al que tratamos de retrotraernos de vez en cuando, para otros
es simplemente una etapa más de la vida, marcada por una serie de
acontecimientos que no la hacen mejor que otras, al contrario, recuerdo
constante de todo lo malo del ser humano. Así es difícil tener una existencia tranquila.
Los protagonistas arrastrarán sus infancias a lo largo de toda su vida teniendo
que hacer frente a los problemas por los que toda vida debe pasar. 
