Todo lo que rodea a Eduardo Mendoza lo
tomo con la máxima prudencia. No niego su genialidad y la calidad de su obra
literaria pero mi primer encuentro con ella no fue del todo agradable. Corrían
mis años de juventud cuando me impusieron la lectura de La verdad Sobre el Caso Savolta, libro sólo superado en tedio por
mi archienemigo El Silmarillión de
Tolkien, mi obra antagónica por excelencia. Para mi sorpresa, la novela El asombroso viaje de Pomponio Flato ha resultado
muy entretenida y divertida. La obra se desarrolla en la Palestina del siglo primero guiados por el romano de la orden ecuestre Pomponio, naturalista, estudioso y filósofo, quien busca por todo el mundo conocido unas aguas de propiedades milagrosas. Las que ha probado por el momento “más que milagros, han obrado en él unos molestos, malolientes y ruidosos efectos secundarios”. Mientras busca estas aguas mágicas, da con sus huesos en Nazaret, donde se ve envuelto en la investigación de un crimen, accediendo a la petición del hijo del reo, el carpintero local.
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Es por lo tanto una novela donde se
mezclan elementos históricos y de otras índoles de forma francamente divertida.
La obra está escrita a modo de cartas que Pomponio manda a su amigo Fabio, en
las que le comenta aquello que le ha sucedido y la impresión que le produce. Encontramos
alusiones históricas muy interesantes que se enredan con la trama de la novela.
Al final del libro encontramos una nota del propio autor donde se nos explica
como, partiendo de datos y lugares históricos, desarrolla la novela completamente
ficticia y muy divertida.
Al terminar de leerla, me ha venido a
la mente de forma inmediata la película La vida de Brian (1979) de los Monty
Python, donde también encontramos ese enredo tan divertido entre historia y
ficción.
